Beso a verso, hasta que terminemos el abecedario, Amor.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Para hacer el amor hay que venir al sur

Solo sé que vivía en el sur

Y que me amaba.


Le puso mi apellido a sus calcetines,
a la rutina, a la avenida de una ciudad que nadie conoce.
A la tristeza de un cuarto de 4x2, con un teclado como arma
y el mouse como testigo puntual de ese amor que profesaba.

Me amaba,
nunca pude convencerla de lo contrario.

Decía con sus ojos que lo nuestro no fue
la casualidad que yo presumía.
Y que su hijo llevaría mi nombre.

Un hijo que no sería mío,
pero que la haría reír
tanto
como yo.

Si te escribo, mulata
es porque tampoco me he olvidado de ti.
Verás, puedes andar por ahí
y presumirle a quien quieras
que yo
te hice un bonito altar
antes de que murieras.

Un poema donde puedas vivir
para cuando haga falta viento
para tus tormentas.
Para cuando quieras un momento que dure
para siempre,
un verso que puedas volver a leer.

Y perder
construir
reír
dar
recibir
y
volver a caer.

Ella me dijo que para hacer el amor
había que ir al sur,
y no lo entendí
hasta varias derrotas después.

Cuando ya no hacían falta
las palabras,
ni la literatura,
ni la mierda que yo le contaba.

Cuando ya no hacía falta
que se pusiera su mejor brassier,
ni que me paseara sus medias
por mis negras ganas.

Ella está donde debería estar,
en unos brazos fuertes
que sostienen sus pulmones,
donde no necesita ninguna promesa
donde se acabaron las bromas
y los versos.

Donde sólo hay realidad
y no estoy yo.

Ella está donde no necesitan escribirle
piropos en la arena
sino vivirle en cada huella que deja.

Tú, mujer, donde sea que te haya llevado el mar
que te quedó a deber tanto.
Ve a buscar esas latas de supermercado
con el abrazo de un él que nunca fui yo,
ve a buscarte en el muelle
donde hay un alguien que sigue sin ser yo,
latiendo
esperándote.

No te preocupes jamás
de lo que no pudimos lograr.
Pues la caída en el amor
es el triunfo más bonito.

jueves, 29 de octubre de 2015

29 de Octubre

Supe que tenía un corazón hasta el día en que se te ocurrió comértelo.

Fue el amor,
así voy a decirlo.
Voy a contar con un altavoz que fuiste tu
quien lanzó la primera piedra
el motivo y la razón de esta locura de acuarelas.

Que fuiste tu el mayor regalo,
mi mejor travesura
que por ti los chicles y las golosinas
que tú las rosas rojas y la bisutería.

Que la pasión por algo, tu la cargas en los dedos
que tu sonrisa duele, pero tranquiliza
que tu mirada mata, pero gusta
que tus caricias son las balas
que un suicida como yo necesita.

Contaré que ésta no fue otra historia más
de amor
que tu primero disparaste una sonrisa
mientras yo, sólo quería ser el novio de tus lunares
mientras tu jugabas básquetbol.

Que siempre fuiste tú la que me salvó de mi mismo,
que eras capaz de recogerme los miedos
mientras apagabas la luz,
que la paz la encontraba siempre en tus guerras
inventadas de los domingos.

Que por ti las cartas y la poesía,
voy a contar a nuestros hijos
que a mi octubre me duró una vida.

Serás el mejor recuerdo de este planeta azul, cariño.
Nunca olvides por qué pinto bugambilias en la habitación
ni por qué he de regalarte versos en cada rabieta.

Jamás nos faltarán excusas para refugiarnos en nuestros cuerpos. Haremos que el invierno dure hasta que las ganas se arruguen, voy a mantenerte con flores y poemas que hablen de tus manías para reencontrarme.

Vamos a habitarnos el alma en este frío, anda.

Hay que dejar vacío el estante de los sueños
hay que aprendernos la piel
y a querernos -como ayer-
  por encima de todas las cosas.
Amor,
No estoy yo aquí para hacerte promesas
he venido a cumplirte todas.

jueves, 1 de octubre de 2015

Reacciones de un recuerdo muerto

De repente, así sin más, vuelves la cara hacia la vida y ruegas a los amaneceres que perdiste; volver a probar aquella miel, volver a sufrir la mirada de aquellos ojos que juraste no volver a soñar, por cobarde, por pánico a echar de menos la compañía.

A veces, sobretodo cuando el final de temporada de tu novela favorita no fue lo que esperabas, extrañas alguien que te contradiga, que te lleve a lo desconocido y contracorriente, pero de la mano, que te cante canciones de cuna y que te bese sólo porque le dio la gana y no porque estuvieras de humor, que te haga ver que no eres el centro del mundo, pero que se centre en tu cuerpo, que no deje de comértelo aunque haya fiestas patrias o su religión no se lo permita, que tenga identidad propia pero que intente a diario el camuflaje con tus labios, que descubra nuevas alegrías en cada esquina que te hayas abandonada, que le guste besar tus pecas pero que prefiera lamerte los pecados, que te niegue el sexo los domingos, pero que te despierte con un orgasmo los lunes, que no haya nada que no hiciera por ti.

Algún loco como yo.

Pero tú ya no eres la que iba a cambiar mi mundo y yo ya no soy ese loco.

Te diste cuenta mucho antes de lo que yo varias botellas y desvelos después; no fuimos hechos para amarnos, sino para equivocarnos.

Es entonces cuando te amarras el cabello y te largas donde yo ya no puedo seguirte, vuelas muy por encima de las ruinas con los ojos cerrados y yo hundido en los recuerdos mas despierto que nunca, sonríes como si nunca te hubiera sucedido y saboreas el revolver que cargas por si las dudas, las que nunca tuviste conmigo, te duermes a cuestas en ese barco de libertad que te has impuesto, todavía llevas la marca de las cadenas que tenía nuestros nombres, compras por mayoreo esas sonrisas baratas de los que llamas tuyos, vales el precio del nuevo carro que te compró el hombre al que llamas el amor de tu vida, has legalizado aquello que estaba prohibido. Todas las convicciones escritas en los carteles yacen en lágrimas confundidas por el agua de la regadera, te tragas la vida en el vino de los jueves, casi ebria por una herida de muerte al filo de la vida.

Y nadie parece notarlo.

Tú, la maestra del engaño para la rutina, la que prefería morir en el intento de un beso que en la perpetua espera del desconocido que llega a tu casa vestido de corbata.

Tú, la que etiquetabas a los amores como juez y dios y decías que la luna la habías compuesto para entretener a los idiotas como yo.

Pero no. Te falló, te había salido mal el último de tus disparos, dime quién te hizo creer que el amor es un destino obligado y no una voluntad por coincidencia.

El camino de tu mirada tiene la misma necesidad que el mío: regresar al pasado en el punto exacto en que esto dejo de ser. Regresar, sí, como un asesino arrepentido, como si hubiéramos cometido el peor de los delitos: dejar de amarnos. No tengo ni la mitad de las ganas para intentarlo y no te veo esa seguridad titánica para irte de mi mundo de miserias. Nos salió muy caro este remate de corazones amor mío, ahora no podemos esconder esta vergüenza de conformismo. Anda, vamos a comernos los gusanos que nos restan para hacer menos pesada la despedida.

Entre mil pesadillas siempre apareces tu al final del final: diciendo una y otra vez lo mismo, sonriéndole al retrovisor a modo de sarcasmo y cayendo en esta maldita iteración que no termina: ya olvídalo muchacho, no tiene caso.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Sucedes

Sé como se acaricia con una mirada,
cómo se sonríe sin decir nada.
Sé como cobija un abrazo de lunes
por la mañana.

Sé como suenan las campanas
con el repique de tus tacones.
Y cómo es que tiembla el tiempo
cuando dices -para-.

Sé como voltea el mundo
hacia tu minifalda,
y sé como pintas esta ciudad vacía
con tu labial arena.

Sé que has sido objeto de sueños y pesadillas,
que por ti han matado dragones,
y que ya varias estrellas
han de llevar tu nombre.

Sé que tu piel ha recorrido manicomios,
que hay tontos que te han mencionado
con alguna maldición de por medio.

Que hay puentes donde un corazón
yace a la espera del olvido,
o la muerte
o lo que suceda primero.

Pero siempre sucedes tú.

Que contigo, no se puede terminar el amor,
que después de eso
sólo puede oler a soledad.

Y lo sé, porque estuve ahí,
y entiendo a todos los ebrios de pasión
que desean morir entre tus piernas.

Que basta con verte
para enamorarse.

Que yo también
como ellos
escribo
porque tampoco te puedo decir adiós
ni quedarme.

lunes, 30 de marzo de 2015

Una borrachera perdida.

Me lo dijiste muy claro y bajito:
Voy a acariciarte de lejos.

Y comenzó el futuro para el que nunca hice planes.
Un futuro plagado de promesas huérfanas,
un alcance de calles cuyas farolas fueron quemadas
en pasiones de otros tiempos,
ahora yacen quemadas en esquinas que ya nadie recuerda,
éste es el futuro que no esperaba.

Al saberme que no podía sin ti,
también me abandoné,
como tú.
Y me fui contigo
a pagar el dolor de la valentía
de haber huido de la soledad para estar
con un recuerdo.
Otra vez.

Fui a hablarle de ti a todas las mujeres
que besaban al fantasma que me dejaste.
Conté nuestra historia al humo del cigarro
para que pudiera incinerarte.

Fui al callejón de los besos
      a llorarte.

Era tan fácil haber muerto contigo
en esa despedida
a esta desgarradora realidad
tan callada de amor
tan llena de poesía.

Era un Freud negándome a los sueños,
culpable de haber llegado sin apuntes
al recital de una unión pura,
sin conveniencias ni convicciones.

Tanto tiempo sin escribir
tantos años callándote
que la voluntad de seguir adelante
está a punto de suicidarse.

He visitado todos los bares de esta ciudad
buscando el refugio exacto para un poeta sin letras
esperando enamorarme de mi engaño,
pero el tequila está amargado más que amargo.
Condolido porque este trago no va por ella,
sino por lo que un día fuimos.

Las mariposas en el estómago son por la resaca, y no por el amor.
Esta desgracia se la voy a dedicar a la chica de enfrente,
y voy a estar con ella esta noche,
al fin y al cabo éste ya no soy yo,
y las culpas pueden caber después en un poema.

Esta jornada resultó demasiado cara,
no hubo mujer
ni frente
ni alcohol
ni poesía
   que pudiera evocar a este animal
experto en besar
y principiante de mentiras.

<< vas a hacer enfurecer a los alcatraces, mi amor >>
decías sobre mis locuras en papel,
pero hoy voy a dibujarte en este alambrado de ciudad roja
con luces siempre en verde, pero aferrado a la idea del presente
para no tener que avanzar.

Tú ya te has ido, pero el verano se acerca, y yo, cada vez te siento más lejos, me he disparado todas las balas de tu ruleta rusa y lo siento, ya no sé si respiro o suspiro. Hace tiempo, que he dejado de sentirme.

viernes, 13 de febrero de 2015

Viernes 13, de febrero

Le tengo miedo a la dirección donde me lleve el viento.
Brianda Lizzeth Gommez.

Yo te miro
y veo claudicados esos momentos de angustia
cuando dices te quiero.
Esa duda de pega y corre
al sonido de algún beso con sabor a disparo,
esa manía que tienes de vida
de amar a cualquier pájaro que no huya de tu mano,
aquél que te siente
vuela
y te deja siempre esperando.

He visto huracanes en una mirada
que pareciera no decir nada
y al extinguirse se oye quedito…
te sigo amando.

He visto a los mejores poetas
venderse por unas cuantas monedas.
No creas mucho eso de las palabras, bonita
recuerda
      -un callado también grita-.

Te he visto huir al destino
para pagar las deudas de corazones
que ya han sido rendidos
hace muchas guerras.

Te he visto besar
con los ojos abiertos
para ver si encuentras algo de príncipe
en cualquier día a-zu-lado.

Pero hoy quiero decirte
que los grises también son inolvidables.

Que el cielo llueve
porque alguien hace el amor
al otro lado del mundo.

Que las mariposas también tienen ese efecto.

He visto a unos tacones
romper el rojo
de todos los semáforos
sobrevolando los charcos
de algún tonto enamorado
que lo dio todo
por esa sonrisa que asomaba
aquellos dientes afilados.

Mira que con esos labios
uno no podría distinguir
si es la presa
o está siendo cazado.

He visto a volcanes
temerle a las estrellas.
Y a fantasmas que les da miedo
la oscuridad.

Me he visto tantas veces caer
que hoy solo puedo decirte:
‘lo siento’.
Enciende el apagador
de este viernes derrotado
que tengo mucho miedo.
Y aunque
te prometan mares
alrededor de tu desierto
ten en cuenta:
nadie
  te amará
     como este perdedor.

jueves, 5 de febrero de 2015

Me debes una vida

Las palabras reclaman en gritos mudos y suicidas a modo de una cerveza caliente, voy encaminando al lápiz con el peso de las malas decisiones que cometí después de ti.

Cargo con culpas de sábanas en el día a día, no me quejo de los insomnios porque aunque sigo sin poder dormir aún guardo tu mirada, y sabes, con eso lo demás se puede ir a la mierda.

Estoy solo en esta caída, pero duele este sentir donde ya no hay nada. Del amor ahora sólo tengo este espejo roto manchado de labial que viene a decirme que son siete daños de salación, y que la decadencia apenas viene empezando. Cuando te perdí me quise morir, pero cuando supe que podía recuperarte, aumentaron mis ganas.

Aprendí, que cuando tocas el fondo, puede que te quedes a vivir ahí, puede que el imposible sea tu palabra para definir el futuro, aprendí que tu ausencia no tiene ninguna moraleja acá abajo, en este mundo. Después de todo, vivir de los recuerdos no es tan malo si ya no te queda otra cosa, si todo te lo has acabado.

Aprendí que entre tú y yo, no había nunca bolsillos vacíos, por más que no tuviéramos una sola moneda, que nosotros siempre supimos darle la mejor guerra a esa rutina, aunque perdiéramos todo en la última batalla...

Que nos quedamos con el sabor más amargo en nuestra despedida, pero fue nuestra, siempre será nuestra.

¿Me debes una vida, sabes?
  Me la debes
     y tus lágrimas lo saben.

jueves, 8 de enero de 2015

Rosas en Enero

Puedo llenar de palabras tus floreros
pero ambos sabemos que la belleza en tu casa
es un pasillo de suicidios
es cuestión de cheques por cobrar
en blanco.

Quiero, con sumo descuidado
cortarte las venas a caricias
y lavarte a rimas la cabellera.

Quiero que me recuerdes recitando locuras.

Quiero, como decirlo…
mojarte con la boca
recorrer esas pupilas de antaño
dejarte esperando en la bañera
hasta que escuezas de deseos
hasta que pidas a gritos mas versos con las manos
mojarte con poesía
y secar tu cuerpo con el lado oscuro de la luna.

A-pagar tus dudas
diciendo 'te quiero'
detrás de tu oreja
y erizarte el cuello
con todas mis certezas.

Voy hablar de amor, hasta que muera
Voy a hablar de ti, hasta que viva.

Dicen que para llegar a abril
hay que empezar en enero.

Y tu eres una nieve
de diciembre
así que voy a probarte
de los pies a tus sueños
labio a labio
verso a verso. 

No sé si me alcance la vida
sinceramente
la cordura caduca en tu cintura.
No quiero que seamos fugaces.
‘dulce estrella de lunares’.

Podrías olvidarme en una prosa
o en un beso.
Pero por favor,
Que nunca
jamás
te falten rosas
           en enero.