“A falta de amor, alcohol”
Eran las letras en neón de un bar que prometía olvido.
Los límites entre tu cuerpo y el mío se miden ahora en el número de lugares
recorridos antes del amanecer. Yo llevaba la cuenta desde la última vez que te
vi sin mí, hasta el número de botellas que podía pagar en una sola noche.
En el balance siempre terminé en negativo.
El pasado y sus nefastas ganas de quedarse a vivir bajo de la cama.
El futuro y su promesa firme de un sin ti.
El presente y su incertidumbre,
quedaba sólo un lugar para el refugio: alcohol y poesía.
Bastaba una cerveza para justificar todos mis pecados.
En aquél entonces caminaba siempre extraño, para sentirme distinto,
pero seguía echando de menos a ese que fui contigo, como el último jugador
esperando la estafeta para ganar, eso bien podía definir esos d-años: una puta
espera.
Yo llevaba la nostalgia en la mirada,
tu nombre en la cartera
y un -no- para el segundo amor de vida.
Decidí quedarme entre la escarcha en esa guerra, rezando las miserias de
quien sigue tocando fondo, por miedo a no querer tocar otra cosa que no fuera
tu mejilla, mientras fuera contigo, daba igual el resultado, mientras fuera
conmigo, no importaba a qué jugaba. Así que jugué conmigo.
El humo acompañaba a ese muchacho que todos los jueves se embriagaba
con desamor, se inhalaba la soledad, y ponía el pitillo en el cenicero como
bandera.
Hubo tardes en que no gané ni una sola batalla. Ya no servía dignificar
una muerte que ya no tenía la excusa del amor.
Y un muy buen día desperté, tumbado de presente y con una resaca de
continentes en la espalda, desperté inconsciente de fantasías, con la realidad
como el único peso que me mantenía pegado a esta tierra empastada de pesadillas,
llena de huellas y cicatrices. Desperté como se despiertan los niños después de
llorar todo el día: con ganas de reír.
Tengo en mi caja la única excusa que me llevaba hacia ti,
decidí tirarla, junto con tus fotografías, y las cajetillas que me
había prometido fumarme a tu favor. Decidí salir de mi propia cárcel de
literatura y nicotina.
Me quedé con mi chamarra y con un celular que ya no extrañaba tu
nombre,
me quedé con la única persona capaz de soportarme,
me volví a quedar sin ti,
y tan conmigo.
No sabía que aún me guardaba un poco de cariño,
Y decidí ponerle este título al marco de una habitación que antes fue
de dos…
Si todavía sigues leyendo esto,
Sólo puede significar una cosa:
Que sientes y respiras,
aún puedes hacerlo de nuevo,
el amor
¿recuerdas?
El amor.