Tuve que ser yo el que firmara nuestra derrota en esa banca, en algún diciembre que perpetua nuestros nombres como los mayores cobardes de aquella historia, esa que agonizó en los brazos que alguna vez cantaran victoria y que ahora flaquean recogiendo las migajas de un papel que ya ni si quiera rima.
Tuve que haber sido yo, el villano voluntario. El pípila suicida en la última batalla que comenzó en un salón de clases. La vida recordará ese tiempo devorador de utopías, mientras el pasado estará lleno de callejones donde se puede ver a dos sujetos que parecen sostener al mundo cuando se toman de las manos, ahora los poemas son sólo grietas y una puta broma de la cual nos seguimos riendo, pero que ya no queremos escuchar, vimos al amor resplandecer y ahora nos toca cobrarnos la suerte las cosas que dejamos de hacer, la decadencia ha venido a instalarse en las maletas.
Hay mañanas que aun extrañan tus lagañas y tu mal humor de domingo, y yo, con el hedor de tu sudor después de bañarte sigo escribiendo, como si para alguien valiera la pena unas letras muertas, me complace idear obituarios en cada cama que no te tengo.
¿Hueles?
Hay demasiados suspiros en la alcoba, como encerrados en un juego donde nadie quiere buscarlos, donde ellos no dejan encontrarse. Cuando encierras al amor no puedes presumir la libertad. Aquello apesta a des.composición: el nosotros que traigo en la boca está algo putrefacto, le hace falta la frescura con sabor a mentira de tu ironía.
Aunque sea por unas lágrimas de por medio me hizo feliz hoy leerte, como cada diciembre, no espero ya que vuelvas. Me conformo con pensarte.
Beso a verso, hasta que terminemos el abecedario, Amor.
viernes, 19 de diciembre de 2014
jueves, 11 de diciembre de 2014
Demencia
Mis letras apuntaban hacia la nada
en el cuarto oscuro sin puertas,
donde habitan los corazones rotos
donde los poetas escriben sus secretos envinados en sangre.
Se ha enfriado el café
en gajos de libertad
que ya nadie busca.
Las fatalidades han tentado a la moral.
Nunca, la infamia había tenido tanta suerte un viernes.
Se han aprovechado de los cobardes y los débiles
y no hay revolución ni valientes que acojan a la suerte
como los versos de algún ideal enterrado
en las desgracias de las conciencias vacías.
Han sido engañados los profetas
y la demencia se ha puesto los aretes
más bonitos que haya visto.
La crueldad se llevó hasta el aire
para respirar.
Vendrán a declarar abandono prematuro
de tu vida: el suicidio asistido del destino.
Y justo un minuto antes que las culpas
cerraran los ojos de la ultima carcajada
que estaba despierta,
ella le ha puesto una ensalada de llantos a la luna
para que intente cantarle
una última primera vez
aquella canción que le hizo recordar al amor
que no volverá a tener.
en el cuarto oscuro sin puertas,
donde habitan los corazones rotos
donde los poetas escriben sus secretos envinados en sangre.
Se ha enfriado el café
en gajos de libertad
que ya nadie busca.
Las fatalidades han tentado a la moral.
Nunca, la infamia había tenido tanta suerte un viernes.
Se han aprovechado de los cobardes y los débiles
y no hay revolución ni valientes que acojan a la suerte
como los versos de algún ideal enterrado
en las desgracias de las conciencias vacías.
Han sido engañados los profetas
y la demencia se ha puesto los aretes
más bonitos que haya visto.
La crueldad se llevó hasta el aire
para respirar.
Vendrán a declarar abandono prematuro
de tu vida: el suicidio asistido del destino.
Y justo un minuto antes que las culpas
cerraran los ojos de la ultima carcajada
que estaba despierta,
ella le ha puesto una ensalada de llantos a la luna
para que intente cantarle
una última primera vez
aquella canción que le hizo recordar al amor
que no volverá a tener.
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