Las palabras reclaman en gritos mudos y suicidas a modo de una cerveza caliente, voy encaminando al lápiz con el peso de las malas decisiones que cometí después de ti.
Cargo con culpas de sábanas en el día a día, no me quejo de los insomnios porque aunque sigo sin poder dormir aún guardo tu mirada, y sabes, con eso lo demás se puede ir a la mierda.
Estoy solo en esta caída, pero duele este sentir donde ya no hay nada. Del amor ahora sólo tengo este espejo roto manchado de labial que viene a decirme que son siete daños de salación, y que la decadencia apenas viene empezando. Cuando te perdí me quise morir, pero cuando supe que podía recuperarte, aumentaron mis ganas.
Aprendí, que cuando tocas el fondo, puede que te quedes a vivir ahí, puede que el imposible sea tu palabra para definir el futuro, aprendí que tu ausencia no tiene ninguna moraleja acá abajo, en este mundo. Después de todo, vivir de los recuerdos no es tan malo si ya no te queda otra cosa, si todo te lo has acabado.
Aprendí que entre tú y yo, no había nunca bolsillos vacíos, por más que no tuviéramos una sola moneda, que nosotros siempre supimos darle la mejor guerra a esa rutina, aunque perdiéramos todo en la última batalla...
Que nos quedamos con el sabor más amargo en nuestra despedida, pero fue nuestra, siempre será nuestra.
¿Me debes una vida, sabes?
Me la debes
y tus lágrimas lo saben.
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