Un abril decidí nacer
una vida corta
amores sencillos,
no pedía más.
No podía.
Mis sueños no iban mas allá del patio de la esquina.
Un balón de fútbol
como religión
y una mochila que en aquél entonces
llevaba libros que
no leía.
Sí,
Yo nací en una primavera
en la que no sabía
que mis padres me esperaban
desde aquel Julio
que hicieron el amor.
Mi madre dice que lo primero
en preguntar fue:
¿Viene completo, doctor?
Y en aquél entonces si.
Viví
una infancia
llena de plenitud
alegría.
Y un padre que daba la vida
por ese primer hijo varón.
Podría escribir un libro
de aquella tierra café
con la que jugaba a la inmortalidad
bajo esas casas de papel
pintadas de tejas
y corredores repletos de niños
ganándole cicatrices
al tiempo.
Era el idiota
mas afortunado del mundo.
Tuve una edad peculiar:
fui mas chico siempre
que los demás.
Mi primera chica
media medio metro más,
y me dijo:
niño
tu me gustas
pese a todos los chicos de mi edad.
Ella cursaba sexto año
y yo tercero.
Papá:
esa era mi felicidad.
Y por azares de ese destino
que trato de conquistar
siempre con el mismo verso,
un atardecer
con un afiche de golondrinas
anunciaba la retirada
de aquella batalla,
le dije adiós a mis amigos
sin decir una palabra.
El camino del pueblo
me llevó a la gran cuidad,
y con mas sueño
que ganas
me levanté temprano
para desayunar.
Me puse el uniforme escolar
como buen soldado,
Y me fui a vivir el drama
de los estudiantes
'de segunda mano'.
Jugando damas
en una partida de ajedrez.
Poco a poco
entre asfaltos rotos
fui construyendo esta garita
con la bisutería copiada
-y robada-
de los mejores héroes
que Dios me dio:
mi familia.
Este cuatro solo puedo decir:
"Bienvenidos
a mi hogar"
y fíjense muy bien en los detalles
que el desorden de este reino
está hecho
con el mayor de los cuidados.
Ya lo dije:
Mi vida era una bonita
rutina.
Simple.
Nada más.
Pero un buen día
entraste tú,
como si nada.
Como si no te costara dejar huella.
Llegaste al salón de tercero
decidida a cumplirme.
“Esos lunares hablan”
pensé, y mientras
me llevaba la mano al bolsillo
buscando algo que ofrecer,
tu ya me habías conquistado
con esa sonrisa de universos
por las que la poesía
no alcanzaría para pagarte nunca.
Puedo pasar vidas hablando de ti,
pero mejor
ven a hacérmelo
amor
en este abril.
Fóllame con palabras bonitas
como si fuera nuestra ultima
primera vez.
¿Acaso crees que
no guardo en mi conciencia
aquél regalo?
Tu nombre
está grabado en este puto mes
con letras de oro
y sangre.
Nunca olvidaré aquél abril,
yo mojado
y tu sudada.
Gracias, por abrirme los ojos
tu cuerpo
y el amor.
Después de todo,
cariño:
o tú
o nada.