Apenas veo deshojarse los minutos en este septiembre de pre-guerra, se fuma un cigarro ante la indecencia de este sol que huele a ironía, a mentiras, a enojos ardientes sonriéndole a la fantasía de sentir y enajenándose a mis gracias, al encanto de no hacer nada sin ti y a mi manera de recordarte, a mis ganas aferradas y necias de rayar la locura con tu nombre, invitarle a las desgracias una copa de deseos para que nos demos a eso de la intuición de no volver a estar juntos nunca más.
Jugar a los segundos suicidas, malgastar el tiempo sabiendo que la libertad no es más que la simple fantasía de un solitario cansado de esperanzas. Tomarnos a sorbos la tristeza y ponerle un fin al invierno, darnos un receso eterno y saber que no hacemos lo correcto. Amargarnos al otro lado del espejo con la dulzura de un café en el frío.
El ocaso nos mira, ¿sabías? como queriendo adivinar la siguiente pista de ese disco que ahora mismo no pones, por no quererle darle ventaja a esta muerte en vida. El tiempo se esconde en tus hoyuelos negros que alguna vez fueron grandes estrellas, nos estamos (desa)pareciendo a ellos, tan lejos, a amores luz de distancia.
El público de nuestra función se ha quedado ya, sin aplausos, se miran unos a otros con la convicción de que algo malo está pasando, mira qué maravillosa escena: pagaron por un romanticismo y acabaron en la más hermosa tragedia. La nuestra.
Hay cuartos en mi hotel con octubres existenciales, vitrinas de auxilio con la etiqueta de 'rómpase en caso de ahora', hay manos que siguen tendidas para invitarnos a cualquier naufragio, las miro con las armas puestas que se te olvidaron en mi espalda a forma de caricias.
Mi mejor estado es 'ausente de ti', ya los segundos se han metaforizado en buitres que se acoplan a mis ojos, yo los he dejado ahí, por si me entran ganas de verte, por si hay alguna tormenta que realmente te brinde la existencia, me sepan morir.
Beso a verso, hasta que terminemos el abecedario, Amor.
jueves, 25 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
Que duela
Que duelaque lacere
que lastime
quiero
que
arda
que queme
tú lo haces mejor que nada,
mejor que nadie.
Soñaba
con manos arrugadas tocando el aire que respiro
con labios cantando 'bésame mucho'
a todos los días de mi rutina
inventando letras nuevas para
cada canción de la radio.
Deseaba
unos ojos como los míos,
con tu nariz y la titánica fuerza de nuestro abrazo.
Anhelaba
hot cakes por la mañana
y una cama envinada de miel
cual ese beso de diciembre,
la banca
el parque
nuestra primera vez.
Y ahora
estas ganas
de querer que alguien traiga una llave
y venga a abrir los más de mil candados
que le puse al amor después de ti.
Hay esporas de olvido
esperando habitarme
y banquetea mi suerte
en la ciudad de frío
por cada sonrisa
que se te parezca.
Se perforan mis cuatro paredes
más
y
más.
Ya no
existe nada.
El reflejo
me ve
sin verme.
Y me jodo
sin ti.
Apaga la luz y envuelve la rosa de la mesa en tu piel. Que vea el ciego sólo por eso. Hagamos un eclipse para esta broma del futuro y que se pudra el mundo, yo soy feliz por estos 20 minutos que te escribo.
Éste es mi vainilla sky, nena; nuestra felicidad en una fotografía.
Que
duela.
¡Qué duela dije!
Que no haya refugios para el cariño huérfano de hoy.
Tráiganme un 'no me doy por vencido' que hoy pienso apuñalarlo con un beso,
perdón, con un verso.
La poesía va a despedazarte de a poco, amor.
Que se pudra mi sueño donde al fin eres tú, conmigo.
Que se muera el sol,
pero antes, por favor...
¡Qué duela!
Que duela, pero sólo por unos instantes, ya sabes lo que dicen: "no hay mal que dure cien años, ni pendejo que los aguante", aunque creo que voy a ser el primero en titularme. Soy de esos locos que se cortan con la misma página antes de pasarla. Sí, eso se me da muy bien. Voy a ser tu mejor fantasma y te curaré las heridas con ausencia.
Esta vez, que duela,
que duela hasta la luna que te bajé, que se queme el camino de vuelta y que se muera nuestra estrella, que se pierda el pasado y que se vaya al infierno el mapa que llevaba a mi encuentro.
Dejemos para las novelas los putos finales felices.
Vive por siempre doliendo
en este ruin poema
y después de leerlo...
¡despiértame
maldita sea!
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