Beso a verso, hasta que terminemos el abecedario, Amor.

viernes, 3 de febrero de 2017

Sed

“A falta de amor, alcohol”
Eran las letras en neón de un bar que prometía olvido.
Los límites entre tu cuerpo y el mío se miden ahora en el número de lugares recorridos antes del amanecer. Yo llevaba la cuenta desde la última vez que te vi sin mí, hasta el número de botellas que podía pagar en una sola noche.
En el balance siempre terminé en negativo.

El pasado y sus nefastas ganas de quedarse a vivir bajo de la cama.
El futuro y su promesa firme de un sin ti.
El presente y su incertidumbre,
quedaba sólo un lugar para el refugio: alcohol y poesía.
Bastaba una cerveza para justificar todos mis pecados.

En aquél entonces caminaba siempre extraño, para sentirme distinto, pero seguía echando de menos a ese que fui contigo, como el último jugador esperando la estafeta para ganar, eso bien podía definir esos d-años: una puta espera.

Yo llevaba la nostalgia en la mirada,
tu nombre en la cartera
y un -no- para el segundo amor de vida.

Decidí quedarme entre la escarcha en esa guerra, rezando las miserias de quien sigue tocando fondo, por miedo a no querer tocar otra cosa que no fuera tu mejilla, mientras fuera contigo, daba igual el resultado, mientras fuera conmigo, no importaba a qué jugaba. Así que jugué conmigo.
El humo acompañaba a ese muchacho que todos los jueves se embriagaba con desamor, se inhalaba la soledad, y ponía el pitillo en el cenicero como bandera.

Hubo tardes en que no gané ni una sola batalla. Ya no servía dignificar una muerte que ya no tenía la excusa del amor.

Y un muy buen día desperté, tumbado de presente y con una resaca de continentes en la espalda, desperté inconsciente de fantasías, con la realidad como el único peso que me mantenía pegado a esta tierra empastada de pesadillas, llena de huellas y cicatrices. Desperté como se despiertan los niños después de llorar todo el día: con ganas de reír.

Tengo en mi caja la única excusa que me llevaba hacia ti,
decidí tirarla, junto con tus fotografías, y las cajetillas que me había prometido fumarme a tu favor. Decidí salir de mi propia cárcel de literatura y nicotina.

Me quedé con mi chamarra y con un celular que ya no extrañaba tu nombre,
me quedé con la única persona capaz de soportarme,
me volví a quedar sin ti,
y tan conmigo.

No sabía que aún me guardaba un poco de cariño,
Y decidí ponerle este título al marco de una habitación que antes fue de dos…
Si todavía sigues leyendo esto,
Sólo puede significar una cosa:
Que sientes y respiras,
aún puedes hacerlo de nuevo,
el amor                                       
¿recuerdas?

El amor.

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