Detrás de estos tus ojos
solo habita una luz extinta,
muerta.
En la esperanza del ultimo grano de arena que te prometí esperar.
No hace falta que le llores.
No hay más puntos suspensivos esperando un algo más.
Ya no.
Hemos agotado el grifo de fondo que goteaba
todas esas noches que no hicimos el amor.
Nos encargamos de hacer perfecta la ecuación, que olvidamos el desastre de las instrucciones.
Al mirar atrás con el futuro entre cejas
me llamarás cobarde. Sin ley ni restricciones.
Es así como quiero que sea. Justo,
como ambos lo hicimos:
unos malditos valientes con el corazón desenvainado esperando al enemigo, en una guerra que hace mucho que terminó.
Que ya hemos perdido.
100 años y todavía me hace falta olvidar.
Ese ingenuo arte de aún llevarte entre los dedos por las calles, mirar el verde esperanza con lágrimas de por medio, seguir confiando en los extraños y dejar de contar a pasos marchitos la ciudad.
Por si fuera poco, el mundo es una mierda,
una muy buena. La publicidad anuncia que está hecho solo para los idiotas y todos parecen creerlo,
entre esta miseria de escombros y cumplidos
ya nadie dice nada.
La diplomacia tiene del cuello a la verdad
y tal parece que importa más el programa del domingo que una revolución nacional.
Estamos diseñados para morir callados.
Para nunca hablar.
El verano está más loco que nunca y yo cada mes más cuerdo que siempre.
No hay aspirina ni efecto mariposa en el vaso.
Aquí los héroes solo existen en los libros de historia.
No hay excusas que valgan la pena para vivir
ni motivos para morir exceptuando tu nombre.
Es viernes de sed
y el cielo se viste de amor.
El autobús me recuerda eso de dejar la vida en un andén.
Y me pone nostálgico.
Llueve y yo pienso en ti.
Hago un cambio de luces en los intentos. Corro, en lugar de caminar.
Y siento un poco más lento, el color que le da la partitura del tiempo al simple y huérfano hecho de respirar.
Einstein se equivocó.
La relatividad no hace conjunto con los aretes que he hallado en el desván.
Han dejado de esconderse tristes en favor de tu ausencia.
Las fotos enmarcadas con tu sonrisa le dan un poco de bienestar al borracho lleno de poemas que aparece los jueves.
Los folios de las manecillas se disfrazan de segunderos descompuestos.
Y como mis manos no son tan buenas pintando algo que no sea tu cuerpo,
escribo.
Como si supiera verme en el espejo después de ti.
Estoy en modo recuperación: “cambio de planes”.
Y no me gusta.
Sintiéndome ya todo un hombre intento arreglarte
para pasar el invierno
(por lo menos)
El alcohol por la tarde se bebe toda la poesía.
Y yo, pese a todo
sigo prefiriendo tu pies fríos
a la calidez de fondo que me oferta noche a noche
esa puta melodía.
