Beso a verso, hasta que terminemos el abecedario, Amor.

martes, 16 de enero de 2018

Ausencias

Brillaste,
incandescente
y fugaz.

El día, que llenaste de blanco tus ideales,
la noche, que brindaron pronunciando tu nombre partido en dos.
No recibí invitación a la masacre,
pero pude percibir a kilómetros de lágrimas
el más largo y triste adiós.

Las mesas se arreglaron de flores
y un cóctel homicida adornaba la recepción nupcial,
era el día D de tu vida sin mi.
A pesar de apostar tu boca a la ruleta,
hubo alguien que todavía compró tu desaire.

La culpa y tú se hicieron una después de esa herida mortal
que nunca logró cerrarse.
Te maquillas como para esconder las cicatrices,
como si pudieras ocultar el dolor.
Tú haces como si no importara y ellos hacen como que te creen.
Pagan por tu miseria en un regalo que augura una vida feliz,
y luego tu asientas, como que sí.

Te limpias las lágrimas y te pones el velo,
como quien va dispuesto al suicidio.
Y el tipo tonto demasiado astuto ha creído en cada una de tus palabras.
Claro, los idiotas son más propensos a ser felices.

¿Aceptas esta mentira hasta la muerte?, mi amor.

Te das el lujo de un nuevo apellido,
el orgullo no hace ningún daño, te repites,
luna de miel amarga en la playa,
y tú juras que ya nada tiene memoria,
pero no.

Te bailan un vals en la cama antes de las ocho,
te izan una sonrisa sabor a café de mañana.
Sales de la habitación deprisa
y por un instante pequeño te viene a la mente
aquél muchacho tímido de cuentos,
te limpias la tristeza y te recoges el pelo,
el cigarro termina el trabajo.

Duermes con el chico bueno,
pero sigues soñando al maldito.
Y yo, sobre el relato de mis derrotas,
intento versarte para poder decirte adiós.

Y tú, sigues visitando el muelle en cada diciembre,
aún, cuando has declarado,
con pistola en mano
ya no pensarme.

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