Beso a verso, hasta que terminemos el abecedario, Amor.

lunes, 27 de octubre de 2014

El encuentro convenido

Te vi,
mostrando la publicidad de tus sueños rotos,
tan callada, llevabas tatuado mi nombre en cada
centímetro de tu pasado.

Parecía que salía el sol para el mundo
pero nosotros estábamos anocheciendo
solos, en ese fin de semana 
en el que sobraban esquinas para abandonarnos.

A ese sábado le faltaron tus rizos.
No hubo canciones de fondo
ni guitarras para acompañar a la melancolía
simplemente no había cantantes
que pudieran haber enfrentado aquella tristeza.

Fue así
como nos llenamos de odio
por no habernos besado desde el principio.

Fue así que sucedió el encuentro
entre los desconocidos más conocidos del universo.

Dijiste
que sólo faltó que viviéramos juntos.
¡Hija de la grandísima!
El coraje invadió la caballeriza, de lo caballero que había sido
ante todas esas musas que no hacían otra cosa más que besarme.
¡Hijo de puta!, ¿quién te crees?
Apoco piensas que mereces los besos de todas
cuando no puedes tener los de sólo una.
Y el silencio contestó
con una carcajada de 8 años de decibeles.
Es ése, el punto
de las ironías de todos los poetas.
Señores.

La lluvia no puede opacar a la tristeza en octubre,
ni una buena cerveza por el amor.
Eso nunca está de más
-ni de menos-

Nos despedimos besándonos, de manera singular.
Por la melancolía del milagro de habernos conocido.
Y la fidelidad que le tenemos al castigo 
de seguir amándonos.

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