Había aprendido la manera exacta de pintar mi mundo del color de tus labios.
Estabas ahí, sentada en la cotidianidad, en la sombra caucásica de un cristal sin memorias. No hay porqué tener cordura después de lo que pasó. Es mejor para tu sonrisa no hacerlo.
Te pinto a versos en una novela jamás leída, te dibujo desnuda con un pincel que no es mío. Todo este tiempo me la he pasado en esta isla, disfrutando de todo, hasta de esta soledad sin adjetivos, fumándome a pipas la nostalgia te pienso llena, mientras yo me pierdo vacío, me estoy bebiendo la vida a sorbos de agonía, y como verás, con un amplio maldito repertorio de letras.
Ayer me embriagué de sobriedad, me burlé de las minifaldas que van a la deriva de una vil mirada, me tomé la tristeza que llevaba pesada en la maleta, se me han acabado las rimas para las princesas de los cuentos, me gustan más las maléficas por encima de las cenicientas.
Mi escaparate de gusanos, el camino de migajas de un Hansel solitario, estoy pensando en dejar de seguir estos pasos de unas zapatillas que van a ningún lado, el olor a putrefacto de este amor me sigue llamando, me he quedado sin balas, pero sigo disparando.
¿A los cuántos degollamientos
uno puede considerarse muerto?
Ante mi hipocresía de no decir nada te veo morir en vida, un "yo confieso" esta vez no basta. El cobarde perfecto del que te enamoraste y no te olvida, el que te llora a cuentagotas, el que revisa con desvelos la ortografía de su credo, el que te extraña a putamadre, el que sigue jurando que te encontrará en otros mundos de alguna estrella que invada la razón y hasta al mismo dios, el mismo que se traga estas palabras en unas cervezas para poder dormir.
Te puse en libertad para que puedas elegir libremente a él, tengo los escrúpulos cargados en la escopeta, pero no te culpo, hombre, a todos les gustan las grandes mentiras... tu musa, la aventura interminable de un sólo amor.
Y te diré que la verás maquillada de sinceridad y yendo hacia a ti, sin mi. Así lo dijo, lo construiría fuerte para que esta vez no se cayera, quizá no tan grande como conmigo, pero con cimientos capaces de sobrevivir al holocausto de la rutina, qué estupidez de principios, mujer.
Quisiera ser más valiente, mentir, como los que mueren por ojos que han llorado otro nombre, como quien deserta en una guerra que no tiene sentido.
¡Oye, tú!, debimos instar al futuro ¿no crees?, y tirarnos en el precipicio antes de aquél verano...
Antes de despedazarnos
tanto.
Me gusta todo este circo, y tu sinceridad, ahora por favor:
¡Vete al carajo!
¡Vete de mi vida!
Y llévame contigo.
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