Primero quiero pedirte perdón, por estas páginas en blanco que te he dejado,
por estos años de olvido,
ha sido ella
debes saberlo.
Querido diario, no me he sentido muy yo, desde aquella despedida de invierno,
he dejado de soñar y me he conformado con las sobras de cariño,
con los besos de motel barato,
con la mierda del autoamor,
Querido diario, la extraño.
Tú sabes muy bien de lo que hablo y callo, este día, que casualmente no es octubre,
la he visto en el estacionamiento del súper, he visto ese lunar en la mejilla,
el escote que calza una mujer que oferta algo,
y el caminar de venado andando, ya sabes, como que vas muy deprisa,
para no encontrarte contigo,
mucho menos conmigo.
La he visto acompañada de un él, que bien podría ser cualquiera (menos yo)
le he visto unas manos pastel rosando su cintura de copa
y esos rizos,
la he visto en una cara que no era de ella.
La vi en otro cuerpo,
en casi todos.
Y por eso te escribo.
No te lo digo por compasión,
ni por la invitación a llorar reproches,
o para que me ayudes a cargar esta culpa.
No,
Te escribo porque quiero recordarme como era yo sin ella,
un náufrago sin mar, un poeta sin excusas, un ebrio de tristeza,
un delantero sin goles, un payaso triste disfrazado de hombre feliz.
un enamorado sin nada que perder,
alguien muy peligroso para vivir.
Querido diario,
la extraño.
Sé que no eres mi madre y su adagio de que todo pasa con el tiempo,
ni el atrevimiento que tiene una botella para el consuelo,
ni el minúsculo intento de esa chica que dijo te quiero.
He dejado de creer en la magia,
no me dejo caer en cualquier truco
mucho menos si envuelve en su coraza el nombre prohibido de una mujer,
que nunca llegará a ser ella, no sé si me explico.
Querido diario,
la he escrito hasta casi matarla,
y por mas que fumo y bebo,
el aliento sigue impregnado de ausencia.
Querido diario,
es lunes por la noche,
y nadie toca la puerta.
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